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miércoles, 14 de noviembre de 2012

Riesgo para el embarazo

"Ya hace frío, nada extraño en estas tierras y en este tiempo", es lo que iba pensando mientras cerraba el coche y se dirigía a la base.
Entonces se abrió la puerta y la vio: ¡era su enfermera habitual, vestida para trabajar!. Pero ¿qué hacia allí?.

Estaba embarazada de 4 meses y medio. Había estado de baja laboral porque al principio vomitaba a todas horas y casi no se sostenía en pie. Después había solicitado el riesgo para el embarazo y se lo habían denegado porque estaba de baja. Lo había vuelto a solicitar y de nuevo lo mismo porque hasta la semana 22 no se lo reconocían. Así que inspección había forzado el alta y ahí la tenia: embarazada y trabajando.
No es que no pudiera hacerlo de hecho, ahora que no vomitaba, desarrollaba el trabajo a la perfección.

Lo alucinante es que algún médico considerase que aquel trabajo no tenía riesgo para el embarazo hasta la semana 22. ¡Pero si es en el primer trimestre cuando mas riesgo hay para el embarazo!.
Al parecer según ellos sólo hay el riesgo cuando se tiene barriga y no te mueves bien. 

A ninguno de los médicos que valoraban el riesgo, se le había ocurrido pensar que si había un caso de meningitis los que iban a ir eran ellos, igual que si era un caso se sarampión, varicela, rubeola o gripe A            ( antes de que fuera un fiasco) , así "a pelo", sin saber si el cuadro febril por el que les llamaban era un enfermedad infecto-contagiosa de efectos muy malos para el feto y con profilaxis post-exposición imposible de llevar a cabo con seguridad en el embarazo, o no.
A ninguno de esos señores se le había ocurrido pensar que los picos de estres, las alteraciones del sueño y esos detalles, poco ayudaban a mantener embarazos. (Por cierto, ha tenido 3 abortos estando de guardia, de hecho, nada mas acabarlas).
Ninguno había pensado que era probable que acudiesen a lugares poco recomendables para la salud: mareos que acaban siendo intoxicaciones por gas o carbónico, fábricas de pinturas, accidentes de trafico, sin contar con locos con armas de fuego, cuchillos...

Estaba claro que ninguno sabía del trabajo que realizaban o podían realizar. Así que les aplicaban la misma norma que a cualquier sanitario, que trabajaba en hospital o centro de salud.
¿Dónde queda el sentido común y el rigor profesional ?, si se reconoce como derecho "el riesgo para el embarazo" y con él se trata de proteger a la mujer y al niño, será para aplicarlo con criterio ¿o no?. Aún no entiendo los criterios. Lo que tengo claro es que el riesgo es evidente y palpable, y que el derecho está pero a ratos.
....
Aquel día los diagnósticos de los avisos fueron: convulsiones en VIH, shock hipovolémico en un apuñalamiento ( se desconocen antecentes ), 2 psicosis, un accidente de moto, un infarto, una paro cardiaco en la calle, un dolor torácico en un 6º piso sin ascensor.
No nos acostamos en todo el dia y toda la noche.

Al dia siguente tuvo que acudir a urgencias con contracciones prematuras y le recomendaron reposo.
¡No parece probable que pueda hacerlo en la próxima guardia!.


miércoles, 25 de enero de 2012

Rabia

Hacia mas de 6 horas que habían acabado aquel aviso y seguía sintiéndose igual: con rabia.
Rabia... por no estar donde debían haber estado, aunque no hubiesen cambiado el desenlace.
Rabia... por no poder hacer nada, salvo asegurar lo obvio.
Rabia... porque tenia 23 años.
Rabia... porque eran mal utilizados.
Rabia ... porque el medico que fue antes que ellos, nunca tuvo que haberlos llamado para que pasaran ellos ese trago inútil e innecesario.
Rabia... por la sensacion de impotencia que se le había quedado.
Rabia... por no saber que hubiera pasado.
Rabia.... contra el sistema, por obligarles a hacer gilipolladas y estar ocupados.
Rabia... porque a los que tendría que caerseles la cara de vergüenza por como organizan las cosas, se les llena la boca con lo buenos que son y el servicio que dan a los ciudadanos.
Rabia... por haberse llevado toda la de una familia, sin poder hacer nada  para consolarlos, ni para ayudarlos, ni para haber llegado antes, ni para haber sabido lo que ocurría.
Rabia... por no poder hacer nada para cambiar las cosas.

Y rabia porque encima no funcionaban las tildes del puto ordenador desde hacia meses y le crispaba sobremanera escribir sin ellas.

lunes, 16 de mayo de 2011

Para nada

Era uno de esos días que ella definía como "nada útil".

Llevaban 9 avisos. Demasiados para aquella ciudad y ninguno que, en realidad, requiriese de sus servicios.

Eran el medio  mejor dotado para emergencias y se les utilizaba para lo que saliera, aunque muchas veces, éso implicase que se escapasen las emergencias de verdad. Parecía que a nadie importaban estos casos. Solamente cuando salían en prensa, entonces sí les pedían explicaciones a ellos... a ellos, que iban a donde les mandaban sin poder protestar.

Esta utilización política la deprimía.
Ya no discutía los avisos, porque había aprendido que no llevaba a ninguna parte. Lo único que conseguía con ello, era ir quemándose poco a poco y eso no quería que le pasase.
Estaba claro que el servicio servía para hacer buenas fotos y para que los políticos se llenasen la boca con sus sesgadas estadísticas.
Era lamentable, así que prefería no pensarlo siquiera.

Desde hacía unos años la cosa iba a peor. Cada año firmaban compromisos y objetivos absurdos y cada año, según sus jefes eran cada vez mejores. Su opinión, era que iban dejando de serlo a marchas forzadas.
"¡No hay como las políticas de calidad para que todo se reduzca al absurdo!", pensaba con demasiada frecuencia.
El contrato de gestión consistía en salir más veces que el año anterior ( sin que se tuviese en cuenta que cada vez había menos población), en poner más cruces en las historias ( sin tener en cuenta si había concordancia entre diagnóstico y tratamiento), en reducir el tiempo de llegada ( sin tener en cuenta la dispersión geográfica)... y sobretodo, en facturar a terceros (sin tener en cuenta si era o no adecuada la activación).

Guardias como éstas pasaban por su vida sin pena ni gloria. Sólo si se enteraba en el hospital, de que un caso grave había ido en otro tipo de medio o no habían sido activados para ello, pasaba a ser una guardia con pena.

Ella era de la opinión de que debían estar libres el mayor tiempo posible, por si había algo grave. Todo lo contrario que sus jefes, que preferían que circulasen y se les viese ocupados, aunque quedasen casos graves sin cobertura: pero eran casos anónimos y no pasaba nada.
En su opinión, estaban mal gestionados y eran poco eficientes.
Además se tiraba el dinero en cosas inútiles y absurdas y después se lloraba en lo importante.
Habían cambiado de jefes, pero todo seguía igual.

Por muchos motivos, (que era mejor no pensar en profundidad), estaba decepcionada. Sin embargo, cada día que iba a trabajar lo hacía con ilusión y suponía que, la única razón, debía ser que le gustaba su trabajo (dejando al margen toda la mierda burocrática).
Por otro lado, conocía ya a demasiados compañeros, buenos profesionales, a los que tambien les gustaba el trabajo y que ya lo habían dejado hartos de todo lo que no era esencialmente el trabajo.

"It is what is it is " que decia su profesor de inglés.

viernes, 6 de mayo de 2011

¿Antisocial o mal-educada?

Era el tercer caso en unos pocos meses: "Niña de 13 años, agresiva".
Llamaban lo padres pidiendo que se le pusiera "algo para que la calmara". Notó como le empezaba a hervir la sangre y como empezaba a indignarse, pero decidió darles el beneficio de la duda.
Llegaron al domicilio: era un chalet extraordinario, situado en una urbanización privada.
Cuando llegaron ya estaba allí la Guardia Civil.
Salieron los padres a su encuentro. Tendrían unos 45 años.
Preguntaron si "todo aquello era necesario". "Podían apagar las luces, para que no se entere todo el mundo". No era una pregunta, era una exigencia.
Tuvo que hacer un gran esfuerzo por no responder de forma muy borde :
-" Pues sí, es necesario. Nosotros estamos trabajando".
Entraron en la casa.
La decoración interior estaba acorde con el exterior.
La hija estaba en "su zona de la casa": hall, habitación de invitados, baño de invitados y habitación con baño propia.
Preguntó lo que había ocurrido a los padres y  lo primero que le dijeron fue que "la niña tiene un trastorno de personalidad antisocial" y que "es muy difícil".
-"¿Informes psiquiatricos/psicológicos?".
-"No tenemos. Nosotros  intentamos negociar con ella siempre , desde pequeña, e intentamos dialogar pero ahora cada vez era mas difícil". "Es que no se lo imagina"- dijo su madre.

 La discusión, esta vez , era que "la niña" quería salir hasta las 6 de la mañana, con al menos 50 euros, con una pandilla de chicos que no conocían. Los padres consideraron que con 20 euros era suficiente.
"¡Dios mio, no les preocupa no conocer a la pandilla de su hija!"- pensó para si.
El resultado era una discusión en aumento, una cocina patas arriba, cuadros rotos y una tv de plasma en el suelo, los padres pidiendo que le pusieran tranquilizantes a su hija y la hija en su cuarto.
Pidió ver a "la niña" a solas.
!3 años. Morena, media melena, 2 pendientes en cada oreja, labios pintados, rimel, minifalda y botas al uso. La chica le explicó lo mismo que sus padres.
Hizo una evaluación de su estado mental y le pareció una adolescente normal, sin patología grave desde luego.
Entonces decidió poner los puntos sobres las íes y no cortarse ni lo más mínimo.Debía quedarle claro que:
- ellos no debían volver allí, porque la próxima vez no iba a ser amable, porque ella no estaba enferma, solo era una niña caprichosa.
- aquella casa no era suya, era de sus padres y allí mandaban ellos. Si le gustaba bien y si no también.
- que ella no trabajaba y por tanto el dinero era de sus padres y le darían lo que quisieran.
- la opción que le dejó fue quedar en casa o que "menores se hiciera cargo". La niña que sería "antisocial", pero no era tonta, decidió quedar en casa y acato, sin discusión, todas sus normas.

Cuando salió, los padres preguntaron si "ya le había puesto algo para calmarle los nervios".
Pudo notar como estaba a punto de decir mas de lo politicamente correcto, como la indignacion estaba a punto de estallar y pudo contenerse.
Les dijo que no, que su hija no estaba loca, ni era antisocial. ¿ Acaso pensaban que solo por no respetar sus decisiones y no obedecer, ya era antisocial?.
Entonces le espetaron: "en cuanto ustedes se vayan volveremos a estar igual. Es que es muy difícil".
Ella  no iba a decirles cómo educar a su hija, pero que no había medicación para éso.
Aún así, volvieron a preguntarle si a ella le parecía bien que la dejaran salir con "ese estado de nervios".
"Lo que no me parece normal- respondió- es que con 13 años la dejen salir hasta las 6 de la mañana o cuando ella diga, con esas pintas y con gente que no conocen ustedes. Ese estado de nervios se le pasa en cuanto cruce la puerta. Por mi parte nada más. Si tienen una nueva trifulca  no es un problema sanitaro, así que si quieren la denuncian y que se haga cargo de ella una institución".
Sin más palabras se despidió de ellos.
Mientras volvía, pensaba en cuánto daño estaban haciendo las tendencias educativas de padres-amigos, dialogar y quitar puntos y cosas similares.
Pensaba que  para los padres era más cómodo ser amigos que padres, pero claro, después no eran capaces de asumir las broncas de amigos con sus hijos y cuando necesitaban autoridad ya no la tenían.
En los últimos meses había tenido varios casos similares y había llegado a la conclusión, de que esos padres necesitaban que sus hijos tuvieran un trastorno diagnosticado: para no sentirse responsables ante sí mismos, ni ante sus amistades del club social, de su fracaso. Su mayor preocupacion era, en todos los casos, no dar que hablar.

Una chica les había dicho, con pena, que lo hacía para ver si a sus padres les importaba algo ( robos, intoxicaciones etilicas, porros...)  porque no quería estudiar y quería trabajar, pero sus padres no la dejaban porque no era glamuroso.
Le indignaba pensar que aquella situación no tenia remedio. Esos hijos eran "carne de cañón".
Esperaba no tener que volver a corto plazo, pero daba por seguro, que a medio y largo plazo iba a volver a encontrárselos y probablemente en contextos peores.