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lunes, 24 de junio de 2013

Angustias varias

Se sentía triste. 
Habían terminado de recoger todo y le habían pedido que les diese aquella noticia a los niños.
Pero no sabía cómo hacerlo. 
Los había visto al llegar: el mayor tendría unos 8 años y el otro 5 o 6. Estaban en su habitación cada uno en su litera.
Y allí estaba ella, a la puerta, sin saber qué hacer, ni qué decir. ¿Como se les dice a unos niños que su papá ha muerto?. Sabía que era una embarcada muy gorda, pero no tuvo valor para decirle que no a la madre.
Entró. Habló con ellos, se dijo lo mejor que pudo.Salió. 
Aún recuerda que aquella noche lloró.

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Han pasado muchos años desde aquel día. Ahora tiene hijos de esa edad. 
Hoy ha repasado la guía del duelo infantil, aunque la sabe. 
Hoy sigue sintiéndose tan poco preparada para ello como entonces. 
Y ¿si un día tuviera que dar esa noticia a sus hijos?. Le angustia tan solo la idea de pensarlo. 
Porque ella deja el trabajo cuando se quita el uniforme, porque para ella esas son cosas de la vida de otros, porque en su universo no pueden pasar todas esas cosas, porque prefiere ignorar todas esas posibilidades, porque necesita vivir hoy y mañana sin esa angustia vital, sin la certeza de saber que va a pasar, (incluso que sean suyas las malas noticias).
Es consciente de que algún día trabajo y vida irán de la mano, pero hoy ( de momento) no es ese día.




sábado, 15 de septiembre de 2012

La normalidad


  Cerró los ojos y empezó a caminar hacia el castillo de la memoria, mientras el veneno que había de curarla iniciaba el recorrido por sus venas.
El trayecto hacia el castillo duraba poco, apenas contar hacia atrás de 10 a cero. Entonces cruzaba el puente y cerraba las puertas: era la dueña y señora de aquella fortaleza. Allí era libre para viajar en el tiempo y el espacio, solo había luz y olía a campo, a montaña.
Invariablemente volvía con él: era parte de su pasado, su presente y tal vez su futuro. Pero, por encima de todo, ella con él era una mujer normal.

Repasaba cada detalle, cada gesto cariñoso, cada conversación, cada paseo, cada beso y cada noche juntos,... y se protegía. 
Aquella vida normal que él le daba (en medio de una situación anormal, llena de incertidumbre y en ocasiones de dolor físico), la salvaba, la protegía y le daba fuerza para llegar a la siguiente sesión :  era una más y una menos.
Su cuerpo había cambiado: ya no tenía pelo, había engordado y a medida que pasaba el tiempo, se sentía un poco mas cansada.  Pero con él no era una mujer enferma, era una mujer que pensaba , que sentía, que quería... en definitiva, que vivía.

Del castillo sólo se salia para vomitar y rápidamente había que volver para resistir.
Asi pasaba las horas en aquel sótano, con aquel olor.  No quería conversacíon porque era un esfuerzo demasiado grande. La compañía era suficiente.

Cuando todo acababa salían, dormía un poco y al despertar estaba mejor. Entonces volvían a casa y ya en el trayecto de vuelta empezaba  "la normalidad".
No la recordaba como la peor época de su vida. De allí habían salido muchas de las cosas buenas que había disfrutado mas tarde y  que habían pasado a engordar las riquezas de su castillo de la memoria.

......

Es curioso como un algo insignificante (gesto,olor,música,...),  puede hacerte revivir tantas emociones.
Es curioso como conforman nuestra vida las pequeñas cosas, que con frecuencia olvidamos cada día y que añoramos en situaciones extraordinarias.
Y era curioso como en la normalidad había encontrado la fuerza para lo extraordinario.
A veces esperamos que pase algo extraordinario para empezar a vivir y nos vamos perdiendo, mientras tanto, lo que mas felices nos hace.


miércoles, 30 de mayo de 2012

Uno más

"Por favor -le había dicho- un rato mas.Ya se que para usted es uno mas, pero para mi...".

Ya había hablado un poco con ellos, mientras estaban en lo que tenían que estar, para que se fueran preparando para lo peor. A los 20 min les dijo que iban a continuar otros 10 y que después, si no había respuesta, pararían.
Suspendió la reanimación sabiendo que hacia lo que tenía que hacer.
Hubo gritos y lloros, que aguantó sin decir nada, porque nada de lo que dijera iba a consolarlos y podía sonar a justificación. 
Al rato les explicó los tramites a seguir. 
Había dado el fin del servicio y estaba libre hasta nuevo aviso. Así que se quedó un poco con ellos para acompañarlos,  les ayudó a buscar teléfonos y seguros y respondió a cuantas preguntas le hicieron lo mejor que pudo. Después se fue.

Pero le había quedado en la cabeza la frase: "para usted es uno más". Sí, en parte así era, por eso podía seguir trabajando y viviendo. 
Pero le quedaba el consuelo de sentir que no se había deshumanizado. Ella sabía que en aquel momento y aquel lugar aquel hombre "no era uno mas" para ella, era el único y se habían esforzado como si aquel paciente fuese el primero, en ese momento no contaban los demás.
No llevaba la cuenta de la cantidad de reanimaciones que llevaba, era imposible, ni tampoco de los vivos o muertos sería insano.
Tenían con ellos una estudiante, de unos 20 años, que jamás se había visto en otra, aunque se lo habían contado sus compañeros. Mientras volvían a la base le dijo: -"Pues me alegro de haber visto una reanimación, pero se te queda un sentimiento... que no se explicar". 
-" Triste".
- "Eso".
-" No siempre es así, pero muchas sí y hay que saber lidiar con ello o dedicarse a otra cosa".




PS: No todo son cosas tristes, el paciente del post anterior evoluciona bien, lento, pero bien y volverá a casa. Pequeñas cosas para estar contentos.


lunes, 6 de febrero de 2012

El mejor regalo

Hoy es su cumpleaños: el de él.

Hoy tendrá su regalo: ése  que se puede comprar y que ella espera que le guste.

Pero en realidad, lo que a ella le  gustaria regalarle no lo tenian: un poquito de felicidad de repuesto, algo de tiempo para él, algún rato para compartir, un poco de sol para los dias fríos, fresco para cuando haga demasiado calor, sueño reparador, salud  cuando haga falta, problemas con solución, suerte... en definitiva, cualquiera de las cosas importantes de la vida, que siempre hacen falta y no se pueden comprar.

Aunque después de todo, el regalo no es lo importante. Lo importante es que él cumple años (uno más) y está con ella, y está con ellos.
 Envejecen, no puede ser de otra manera, y ella se alegra sinceramente de que así sea: "que veinte años no es nada".

Tiene algunas canas más que hace un año, pero sigue siendo guapo. Le ha sentado bien el último año, ha crecido ( y no a lo ancho y alto), es mejor y eso es algo que a ella le parecia dificil, porque siempre ha sido bueno.

Hoy no se verán hasta casi la noche, pero ellos estarán esperándolo todo el dia para estar un ratito con él, para apagar las velas y tirarle de las orejas, para darle sus regalos, hoy pensarán  muchas más veces en él y desearán que de nuevo llegue a casa, porque en en realidad, ése es el mejor regalo.





viernes, 27 de enero de 2012

La mitad de la vida

Según las estadísticas, la vida media en el país eran 80 años (un poco más para ellas y un poco menos para ellos, aquí no hay paridad que valga); así que, los 40 suponían haber recorrido más o menos la mitad de esa vida.

Según  revistas de gente entendida, a esa edad había una crisis más o menos acusada y  entonces les daba a todos por hacer chorradas varias y, al parecer, en esto sí había paridad ( a veces le daba por pensar, si estas cosas pasarían también en países en los que la vida  costaba tanto que no tenían tiempo para crisis).
Era la época de "volver a sentirse joven": dejarse el pelo largo, ponerse pendiente, comprarse una moto, echarse un (o una, según los casos) amante, ponerse y comprar todos los potingues del mundo ("porque yo lo valgo"), salir por las noches para recuperar el tiempo perdido, hacer puenting u otra actividad similar que proporcione adrenalina para luego contarlo, etc.
Vaya, cosas que a nadie se le ocurría hacer antes de esa edad (salvo que ya  le gustasen ), porque hasta entonces "eras joven".
Estaba empezando a rondar esa edad y a estar rodeada de gente que estaba en ella. Y aún sin creerlo, ni quererlo, estaba por darle la razón a las revistas.
Ultimamente, estaba viendo muuuchas crisis. Y algunas además de trágicas (para los perjudicados, que siempre hay alguno) eran patéticas: ¡Había quien quería volver a ser adolescente!, por Dios.

No tenia explicación para lo que estaba sucediendo a su alrededor, pero la cruda realidad era que dos tercios de sus compañeros se habían separado. La mayoría de las veces con hijos por el medio. Y la mayoría de las veces por volver a sentirse jóvenes.
A ella le resultaba poco menos que alucinante, no por las separaciones en si, sino porque el motivo era que necesitaban "un cambio en su vida", "hacer otras cosas"... y efectivamente: todos se habían echado una nueva pareja (eso sí, mientras estaban con la anterior), habían comprado moto y/o coche estilo Audi TT (todo practicidad), se afeitaban, se duchaban, se teñían, se ponían a régimen estricto... lo que fuera, para volver a estar en el mercado y sentirse mas jóvenes y  lo ponían en facebook. Luego, con un par, afirmaban que "se había acabado el amor ".
¡ Qué cosas!.
De lo único de lo que estaba segura, era de que no parecían mas jóvenes ( ni jóvenas) en nada, salvo en lo egoístas e irresponsables que se habían vuelto. Alguna, incluso, había llegado a afirmar, que "los hijos tenían que ir viendo lo dura que era la vida".

En ocasiones no sabía qué pensar, porque su realidad era (o al menos asi la sentía)  muy distinta.
Ella nunca había añorado el tiempo pasado y pensaba que como ahora, nunca había estado tan bien. Pero se daba cuenta de que éso era algo que siempre le había ocurrido, en cualquier edad de la vida. Nunca añoró infantil cuando iba al colegio, ni el colegio cuando estaba en el instituto, ni el insti cuando estaba en la universidad, ni ésta cuando era residente, ni la residencia cuando ya trabajaba. No echaba de menos salir por la noche hasta las 5 de la mañana los fines de semana, ni estar soltera, ni estar sin hijos.Veia el futuro con  esperanza y con la certeza de que no todo seria bueno, pero de aquella ya veria.
No necesitaba mas cambios en su vida que los que ésta trajera.
No podia entender todas las explicaciones que le daban, aunque se esforzara.
No los juzgaba, pero no podia entenderlos.

Ahora tenia la incertidumbre de si le llegaria o no. Sabia que si le llegaba  no iba a saber por donde cogerla, asi que igual seria mejor dejarla pasar.





sábado, 19 de noviembre de 2011

Te amaré

Era un sábado lluvioso de noviembre. Iba a trabajar y escuchó esta canción:


Y se sorprendió sonriendo y pensando en él. A  él no le gustaba nada Silvio, pero a ella si le llegaba y le hacia sentir. Y sentir era lo mas importante que podía hacer la música por ella.
Aquella era una canción de amor, pero le gustaba porque era  mas que  un "te amo", era una promesa de futuro, era  compromiso y decisión, era como ella entendía el amor.
Tan sólo una vez en su vida había dicho esas palabras. Sólo una vez había sentido la absoluta certeza que le iba a ser imposible no hacerlo, "hasta el fin de los tiempos".
Habían pasado unos cuantos años y lo había amado: como podía, como sentía, como único ser.

En pocos días seria su aniversario, tendrían un poquito de tiempo para ellos solos y quizá entre copas de vino (igual que empezaron) le volvería a decir: "te amaré".
Pero aquella mañana, mientras la cantaba a solas, se sintió feliz.