lunes, 23 de septiembre de 2013

Después de la tempestad

Había pasado los meses más estresantes de su vida y ahora se encontraba extrañamente tranquila. 
Dejando pasar el tiempo atendiendo lo urgente, después de haber salvado lo importante.

Incapaz de sentirse feliz todavía. Sabía que, poco a poco, todo volvería a la normalidad y su carácter haría el resto. Volvería no sólo a reconocerla, sería capaz de sentirla.

Aún soñaba demasiado, aún no era capaz de controlar todos sus pensamientos, aún se encontraba demasiado cansada como para aceptar desafíos extra, aún le faltaba la confianza que da el tiempo y aún era demasiado pronto para lanzar las campanas al vuelo o para saber las secuelas (si las hubiera) de todo aquello.

Había visto como en los momentos agudos uno siempre tiende a pensar que "esto es lo peor" que le ha pasado. Ahora con calma, podía distinguir que si bien no era lo peor que le había pasado, sí era la situación más complicada y potencialmente peor que había vivido. Pero parecía que había pasado: la tempestad había pasado y seguían vivos. 

Ahora necesitaba una tregua de la vida, vacaciones, abrazos, hombros blanditos, confianza, dejar de apretar los dientes, dormir, creer... 


Hoy necesito que me abraces fuerte
Sin palabras, sin excusas, solo brazos
Que no tengas prisa, que no me recuerdes
Que solo somos la apariencia de este barro
Hoy necesito
Que me abraces fuerte
Por encima de los miedos y prejuicios
Que alcances ya los huesos
Y me despiertes lejos
De esta torpe selva a fin de siglo
Y no me preguntes
Que es lo que pasa
No traigo heridas
Es solo que preciso
Notarte bien dentro
Sentirme en casa
Saber que es muy cierto que estoy contigo
Hoy necesito
Que me abraces fuerte
Y que tu silencio traiga mucha calma
Que la noche venga lenta
Como nieve
Y nos halle enlazadas las espaldas
Y no me preguntes...
Hoy necesito
Que me abraces fuerte
Por encima de los miedos y prejuicios
Que alcances ya los huesos
Y me despiertes lejos
De esta torpe selva a fin de siglo

sábado, 17 de agosto de 2013

Hace 10 años

Tal día como hoy hace 10 años y, mas o menos, a esta hora 14:45 h terminaba la última sesión de quimio.

No era de recordar estas cosas, es más ni siquiera pensaba en ello. Pero es curioso cómo funcionan los recuerdos: ella conducía, los críos se quejaban por el calor del verano y el padre recurrió a una historia para distraerlos (una historia está basada en hechos reales, los cuentos no), que empezaba así: 
       " Hace 10 años hizo un verano de muchiiisimo calor, mucho más que éste; lo recuerdo porque estaba trabajando en una cantera y allí no había árboles ni..."

Ella siguió conduciendo, pero su mente ya no siguió escuchando la historia, tan sólo para afirmar que todo era verdad y que también era el verano más caluroso que ella recordaba. Pero ella recordaba....

Recordaba la espera a la sombra en un banco de un jardín fuera del hospital. Allí se sentaban a esperar que pasasen un par de horas, para volver a entrar y recoger el resultado de la analítica que les diría si podía o no ponerse la quimio. Nunca fue sola. El último día él no pudo ir,  la llamó antes de entrar. El estaba en la cantera y ella esperando a la sombra a 300 km. El sabía lo que quedaba por delante, ella también,  pero era el último día.

Recordaba el olor de de aquel lugar. No todo el hospital olía igual, pero aquella planta fuese por lo que fuese ( los fármacos, el desinfectante, la gente..) tenía un olor especial y nada más llegar le entraban nauseas y tenía que hacer muchos esfuerzos para no vomitar. Por éso, hasta el calor de fuera era una bendición, el humo del tabaco, lo que fuese con tal de no oler.

Recordaba las bolsas azules rectangulares que le daban para vomitar. La última la tiró cuando cambiaron de coche hace dos años. 

Recordaba que había días en que ella quemaba, recordó los pinchazos y el rezar para que funcionase el reservorio y no tuviesen que pincharla más, el dolor. 

Recordó la cara del chico que empezó la quimio a la vez que ella, las caras de las enfermeras ( aunque ha olvidado sus nombres) siempre tan amables y profesionales, el "loco genio despistado" del médico que la llevó.

Recordó, sin querer, a las voluntarias que veían a darle conversación, consejos y fórmulas que ella no había pedido del estilo "hay que pelear" , "es una batalla", etc. Le generaban agresividad y nunca les tuvo simpatía, aunque puede que que a otros les sirvieran. Así que las ignoraba y miraba para otro lado cuando las vía venir, pero allí no iba a ser educada, allí era autista y todas sus energías se centraban en sobrevivir y volver a casa. Conversar de todo aquello con desconocidas era un desgaste que no podía permitirse. 

Recordó que desde las primeras sesiones  se ponía los cascos y se aislaba con la música a todo volumen. Después se dejaba ir, mientras los venenos (que se suponía iban a matar al bicho antes que a ella) hacían su efecto. Alli quedaba su cuerpo, vomitando y vomitando, y viajando por la memoria de los buenos ratos estaba su mente. 

Recordó que siempre hubo una amiga que fue a darle un abrazo y un poco de relevo a sus acompañantes... y sonrío.

Y se acabó el viaje y no tuvo tiempo de más.
En la realidad, quedó la radioterapia para el otoño, pero ya no hacía calor.
...................... 

Hoy escribiendo estas líneas 10 años después, me doy cuenta de que recuerdo muchas cosas. Pero con ser dura, no la recuerdo como la peor época de mi vida (tampoco la repetiría). Y eso solo puede deberse a que en ese tiempo pesó mucho mas el cariño y el amor que la salud, porque de ésto último andaba un poco escasa.
Hoy recuerdo que lloré pero nunca sola, que tuve vacaciones y en ocasiones hasta de la vida, que me raparon el pelo en uno de los momentos mas íntimos y emotivos que recuerdo, que leí, que me reí, que me llevaron a la playa, que salí por la noche, que estuve en el parque natural de Redes, que me dio la libertad de romper con quien no me quería, que aprendí a dejar que me cuidaran, que estuve muy cansada, que me dormía drogada en un hombro blandito y estaba protegida.
Hoy recuerdo y sonrío.

De aquel año aún conservo lo mas importante: a él con su hombro blandito, a mi familia y mis amigos. Y algunos inconvenientes menores: la falta de venas, un par de cicatrices, tres tatuajes y un poco de miedo a bultos extraños.

Hay quien me dice cuando sabe esta parte de mi biografía que "de todo se aprende"; pues igual oye, pero no me hubiera importado seguir ignorante. Pero es lo que hubo. 


En resumen: 1.- Probé casi todas las drogas legales y hay algunas estupendas. 
                  2.- Yo ya puedo decir y sin llegar a la vejez el brindis de "Cuatro bodas y un funeral", aquello de  “Por el amor verdadero, provenga de donde provenga. Para que en nuestra vejez podamos decir, orgullosos: a mí un día también me adoraron”.




lunes, 24 de junio de 2013

Angustias varias

Se sentía triste. 
Habían terminado de recoger todo y le habían pedido que les diese aquella noticia a los niños.
Pero no sabía cómo hacerlo. 
Los había visto al llegar: el mayor tendría unos 8 años y el otro 5 o 6. Estaban en su habitación cada uno en su litera.
Y allí estaba ella, a la puerta, sin saber qué hacer, ni qué decir. ¿Como se les dice a unos niños que su papá ha muerto?. Sabía que era una embarcada muy gorda, pero no tuvo valor para decirle que no a la madre.
Entró. Habló con ellos, se dijo lo mejor que pudo.Salió. 
Aún recuerda que aquella noche lloró.

....................................................................

Han pasado muchos años desde aquel día. Ahora tiene hijos de esa edad. 
Hoy ha repasado la guía del duelo infantil, aunque la sabe. 
Hoy sigue sintiéndose tan poco preparada para ello como entonces. 
Y ¿si un día tuviera que dar esa noticia a sus hijos?. Le angustia tan solo la idea de pensarlo. 
Porque ella deja el trabajo cuando se quita el uniforme, porque para ella esas son cosas de la vida de otros, porque en su universo no pueden pasar todas esas cosas, porque prefiere ignorar todas esas posibilidades, porque necesita vivir hoy y mañana sin esa angustia vital, sin la certeza de saber que va a pasar, (incluso que sean suyas las malas noticias).
Es consciente de que algún día trabajo y vida irán de la mano, pero hoy ( de momento) no es ese día.




lunes, 3 de junio de 2013

"No perdono a la muerte enamorada"


De camino al trabajo, le vinieron a mente versos sueltos de Miguel Hernandez, de la Elegía a Ramón Sijé. Esa que había leído muchas veces y siempre le removía por dentro. Esa que había leído por primera vez en el colegio, ponía en su boca las respuestas que no podía dar porque se le encogía el alma, lo que sí esperaba es que esos versos fueran de un futuro muy lejano, porque no podía imaginarlo cercano:

"(...) Tanto dolor se agrupa en mi costado,
que por doler me duele hasta el aliento.

Un manotazo duro, un golpe helado,
un hachazo invisible y homicida,
un empujón brutal te ha derribado.

No hay extensión más grande que mi herida,
lloro mi desventura y sus conjuntos
y siento más tu muerte que mi vida.

Ando sobre rastrojos de difuntos,
y sin calor de nadie y sin consuelo
voy de mi corazón a mis asuntos.

Temprano levantó la muerte el vuelo,
temprano madrugó la madrugada,
temprano estás rodando por el suelo.

No perdono a la muerte enamorada,
no perdono a la vida desatenta,
no perdono a la tierra ni a la nada.

En mis manos levanto una tormenta
de piedras, rayos y hachas estridentes
sedienta de catástrofes y hambrienta.

Quiero escarbar la tierra con los dientes,
quiero apartar la tierra parte a parte
a dentelladas secas y calientes.

Quiero minar la tierra hasta encontrarte
y besarte la noble calavera
y desamordazarte y regresarte.

(....)

A las aladas almas de las rosas
del almendro de nata te requiero,
que tenemos que hablar de muchas cosas,
compañero del alma, compañero.


Miguel Hernández

miércoles, 15 de mayo de 2013

Como si fuiera domingo

Hagamos como si fuera domingo,
como si acabásemos de levantarnos,
como si estuviésemos solos.
Haces el café,
me pones música
y sonreímos.

Te quiero.

I say a little pray for you. Aretha Franklin

jueves, 9 de mayo de 2013

Y si un dia...


- "¿Y si un día te levantas y te das cuenta de que todo es una mierda, un absurdo, de que no te compensa pasar el día solo para sobrevivir, entones qué?.

¿Y si un día te das cuenta de que ésto es todo, de que al fin, solo se tratar de pasar el tiempo, comer y dormir sin verle mas sentido a nada?.

¿Y si un día te pasa éso?"


Pero a ella no le pasaba, a ella le servía algo tan tonto como el amor, pero ¿cómo explicarlo?. No era una ingenua, sabia lo que dura que podía ser la vida, sabía lo que era sufrir el dolor físico y el del alma ( porque a veces a ella también le dolía el alma) lo había visto y lo había vivido, todo éso ya lo sabia.

Pero cómo explicarle que además sentía y que hasta en el dolor había intuído la vida y sabía que eso no era todo, que no todo era sufrir y doler.

Le dijo muchas cosas, pero también pensó que no le vendrían mal ideas nuevas, nuevas aportaciones y experiencias y dejó una pregunta en el aire para ser respondida por quien quisiera:
¿qué hace que para ti la vida valga pena?,¿qué hace que tenga sentido?.



miércoles, 1 de mayo de 2013

Una buena guardia

Volvía a casa después de haber acabado su turno, escuchando música y organizando el día (comida, colegio,música...) pero volvía contenta, satisfecha con su trabajo y reconciliada por un día con el sistema de urgencias.
 Había sido una buena guardia, lo que para ella se traducía en "avisos a los que había que ir". Además no habían sido muchos y no se encontraba cansada.

Repasó mentalmente los avisos:

  • Un infarto inferior que habían estabilizado y llevado directamente a hemodinámica sin entretenerse en pasos previos que prolongasen tiempos innecesariamente. Bien.  
  • Un ictus  sin complicaciones.
  • Un brote psicótico con ideas paranoides a la que las ondas de Internet acechaban y todos "ellos" tenían un complot para hacer estudios con "nosotros, incluidos Rubalcaba y Dolores de Cospedal, no se salva nadie". Fatal de lo suyo, pero había podido abordarla y la habían llevado a hospital sin una voz de más y tranquila. Además había conseguido que la viese el psiquiatra sin pasar por otros médicos y así habían evitado utilizar la fuerza. Evidentemente ingresó.
  • Una niña de cuatro años con un estatus epiléptico: cuadro grave. La habían llevado los padres a un centro de salud y no sabían lo que tenía, estaban preocupados y nerviosos. No era para menos: estaba morada, con hipotonía general y sin respuesta a ningún estímulo y llevaba así una hora y media. Ella pensó el diagnóstico y le puso tratamiento, adermás le hizo unas fotos de las posiciones oculares para enseñarselas a los pediatras cuando llegasen a urgencias. Todo había ido bien con el tratamiento y cuando llegaron a urgencias la niña estaba casi recuperada y  los pediatras no acababan de creerla del todo, así que enseñó las fotos: no había mas. Había ido todo bien. Quedó ingresada para estudio.

No se alegraba de que todo ésto hubiese pasado, pero estaba satisfecha porque lo había hecho bien. Era la satisfacción del trabajo bien hecho, independientemente del resultado final, pero cuando además todos los casos van bien la reconciliaban con su trabajo y su profesión.
Con el tiempo pocas veces lo contaba, pero no había dejado de tener esa sensación.