Cuando llegaron ya estaba la policía dando masaje cardiaco. Rápidamente cada uno se puso a lo suyo ignorando todo lo que les rodeaba.
Aquel día tenía residente. Una vez intubado y con todo el descontrol bajo control, le dejó el ambú y comenzó a investigar otras causas de parada además de la obvia: ahorcamiento.
Era un hombre de mediana edad, decían que con depresión y en tratamiento. Llamó a la familia, miró los fármacos que tomaba, le puso antídotos para ellos y para todo lo que podía haber tomado además.
Pero no salía de la parada.
Recuerda que, en aquel momento, pensó que era una pena que no saliera porque si lo hacía sería un buen donante.
Después de intentarlo todo y transcurrido más del tiempo indicado, dio orden de parar.
A puerta cerrada, enseñó a intubar al residente, porque era algo que debía aprender. Después cuando hubieron recogido todo, indicaron a la policía que comenzaran con los trámites pertinentes: autorización judicial, forense, policía judicial.
En ese momento le dijo al residente que les quedaba lo peor: decírselo a la familia, aunque ya lo sabian. Fue entonces cuando el residente le dijo que lo conocía, estaba realmente impresionado: era médico de su centro de salud. ¡Por eso le sonaba a ella su cara!.
Le dio un poco de tiempo para que respirase y salieron a hablar con la mujer y los hijos.
Llevaba un año con depresión y a pesar de los tratamientos no mejoraba nada, les contaron. No lo dejaban solo porque temían que pudiese hacer algo así. De hecho, aquel día no estaba solo: se había quedado un hijo en casa, que no sospechó nada cuando le dijo que se acostaba a dormir la siesta. Y en un momento se colgó con su cinturón de la barra del armario.
¡Pobre chaval, no había consuelo para él!. Y ella no pudo evitar preguntarse si lo habría alguna vez.
Entonces les dejaron caer una bomba: Les pidieron que fuesen con el hermano a decírselo a los padres, que vivían un portal mas allá. No podían negarse, pero se le encogía el estomago solo de pensarlo.
Dio el final del servicio, porque debían estar operativos y se encaminaron a casa de los padres.
Estaba mas nerviosa que antes, porque iba a irrumpir en una casa que hasta entonces tenía paz, para dar la peor noticia posible a unos padres.
Consensuaron con la familia lo que iban a decirles: que les habían llamado porque no respiraba y no habían podido hacer nada por él y que le iban a hacer la autopsia para saber que le había pasado.
Estaban en la cocina, ella haciendo la cena y el leyendo el periódico por Internet. Notó como le sudaban las manos, mientras les contaba lo que había pasado.
Cuando miró al padre a los ojos se dio cuenta de que lo sabía, que apreciaba la verdad a medias por su mujer, pero el sabía la verdad. " No estaba bien. Tenia que pasar", fueron sus palabras.
Salieron con el alma encogida a seguir con su trabajo unas horas mas.